
axoneme
- July 5th, 2009
Poema Autoepitafio
de Reinaldo Arenas
Mal poeta enamorado de la luna,
no tuvo más fortuna que el espanto;
y fue suficiente pues como no era un santo
sabía que la vida es riesgo o abstinencia,
que toda gran ambición es gran demencia
y que el más sordido horror tiene su encanto.
Vivió para vivir que es ver la muerte
como algo cotidiano a la que apostamos
un cuerpo espléndido o toda nuestra suerte.
Supo que lo mejor es aquello que dejamos
-precisamente porque nos marchamos-.
Todo lo cotidiano resulta aborrecible,
sólo hay un lugar para vivir, el imposible.
Conoció la prisión, el ostracismo,
el exilio, las múltiples ofensas
típicas de la vileza humana;
pero siempre lo escoltí cierto estoicismo
que le ayudó a caminar por cuerdas tensas
o a disfrutar del esplendor de la mañana.
Y cuando ya se bamboleaba surgía una ventana
por la cual se lanzaba al infinito.
No quiso ceremonia, discurso, duelo o grito,
ni un túmulo de arena donde reposase el esqueleto
(ni después de muerto quiso vivir quieto).
Ordenó que sus cenizas fueran lanzadas al mar
donde habrán de fluir constantemente.
No ha perdido la costumbre de soñar:
espera que en sus aguas se zambulla algún adolescente.
(Nueva York, 1989)
TODITO TE LO CONSIENTO
de Rafael de León por Sandro
¿Te acuerdas de aquella copla
que escuchamos aquél día
sin saber quién la cantaba
ni de qué rincón salía?
Pero¡que estilo!¡Que duendes!
¡Qué sentimiento y qué voz!
Creo que se nos salieron
las lágrimas a los dos...
Todito te lo consiento
menos faltarle a mi madre,
que una madre no se encuentra
ya ti te encontré en la calle..
No vayas a figurarte
qué esto va con intensión....
Tú sabes que por ti tengo
clavado en el corazón
el querer más puro y firme
que ningún hombre sintiera
por la que Dios unió y trino
le entregó de compañera .
Pero es bonita la copla
y entra bién por soleares:
Todito te lo consiento
menos faltarle a mi madre...
Y me enterado casualmente
de que le faltaste ayer...
Y nadie me lo ha contado..
¡Nadie! Pero yo lo sé.
Yo tengo entre dos amores
mi corazón repartido;
se me encuentro uno llorando
es que el otro lo ha ofendido
Y, mira ... Nunca me quejo
de tus caprichos constantes...
-¡Quiero un vestido !- ¡Catorce!
-¡Quiero un reloj! -¡De brillantes!
Ni me importa que la gente
vaya de mí murmurando
que soy para ti un muñeco...
que si me has quito el mando...
que en la diestra y la siniestra
tienes un par de agujeros
por donde se va a los baños
el río de mis dineros....
¡Y a mí qué !Con tal que nunca
de mi lado te separes,
todito te lo consiento.....
menos faltarle a mi madre.
Porque ese mimbre de luto
que no levanta su voz,,
que, es seis años, no ha tenido
contigo ni un sí ni un no,
que anda como una pavesa,
que no gime ni suspira
que se le llenan los ojos
de gloria cuando nos mira,
que me crió con su sangre,
que me llevaba la mano
para que me santiguara
como todo fiel cristiano,
y en las candelas del hijo
consumió su juventud
cuando era cuarenta veces
mucho más guapa que tú...
tienes que hacerte la cuenta
que la has visto en los altares
e hincarte de rodillas
antes de hablar de mi madre..
Porque el amor que te tengo
se lo debes a su amor
que yo me casé contigo
porque ella me lo mandó
Con qué, a ver si tu conciencia
se aprende esta copla mía
muy semejante a aquel cante
que escuchamos aquél día
si saber quién lo cantaba
ni de qué rincón salía:
A la madre de mi alma
la quiero desde la cuna...
¡Por Dios, no me la avasalles,
que madre no hay más que una
y a ti te encontré en la calle!
A SOLAS
Ismael Enrique Arciniegas
¿Quieres que hablemos? Está bien empieza:
Habla a mi corazón como otros días...
¡Pero no!... ¿qué dirías?
¿Qué podrías decir a mi tristeza?
...No intentes disculparte: ¡todo es vano!
Ya murieron las rosas en el huerto;
el campo verde lo secó el verano,
y mi fe en ti, como mi amor, ha muerto.
Amor arrepentido,
ave que quiere regresar al nido
al través de la escarcha y las neblinas;
amor que vienes aterido y yerto,
¡donde fuiste feliz... ¡ya todo ha muerto!
No vuelvas... ¡Todo lo hallarás en ruinas!
¿A qué has venido? ¿Para qué volviste?
¿Qué buscas?... Nadie habrá de responderte!
Está sola mi alma, y estoy triste,
inmensamente triste hasta la muerte.
Todas las ilusiones que te amaron,
las que quisieron compartir tu suerte,
mucho tiempo en la sombra te esperaron,
y se fueron... cansadas de no verte.
Cuando por vez primera
en mi camino te encontré, reía
en los campos la alegre primavera...
todo era luz, aromas y armonía.
Hoy todo cuán distinto... Paso a paso
y solo voy por la desierta vía.
—Nave sin rumbo entre revueltas olas-
pensando en la tristeza del ocaso,
y en las tristezas de las almas solas.
En torno la mirada no columbra
sino esperanzas y páramos sombríos;
los nidos en la nieve están vacíos,
y la estrella que amamos ya no alumbra
el azul de tus sueños y lso míos.
Partiste para ignota lontananza
cuando empezaba a descender la sombra.
...¿Recuerdas? Te llamaba mi esperanza,
¡pero ya mi esperanza no te nombra!
¡No ha de nombrarte!...¿para qué?... Vacía
está el ara, y la historia yace trunca.
¡Ya para que esperar que irradie el día!
¡Ya para que decirnos: Todavía,
Si una voz grita en nuestras almas: ¡Nunca!
Ismael Enrique Arciniegas
El duelo del mayoral
[Poema: Texto completo]
Anónimo
¿Que cómo fue, señora...?
Como son las cosas cuando son del alma.
Ella era linda y él era muy hombre,
y yo la quería y ella me adoraba;
pero él, hecho sombra, se me interponía
y todas las noches junto a la ventana
fragantes manojos de rosas había
y rojos claveles y dalias de nácar.
Y cuando las sombras cubrían las cosas
y en el ancho cielo la luna brillaba,
de entre las palmeras brotaba su canto
y como una flecha a su casa llegaba.
¡Cómo la quería! Cómo le cantaba sus ansias de amores
y cómo vibraba con él su guitarra.
Y yo tras las palmas con rabia le oía
y entre canto y canto colgaba una lágrima.
Lágrima de hombre, no crea otra cosa,
que los hombres lloran como las mujeres
porque tienen débil, como ellas, el alma.
No puedo evitarlo, la envidia es muy negra
y la pena de amor es muy mala,
y cuando la sangre se enrabia en las venas
no hay quien pueda, señora, calmarla...
Y una noche, lo que hacen los celos,
lo esperé allá abajo, junto a la cañada;
retumbaba el trueno, llovía, y el río
igual que mis venas hinchado bajaba.
Al fin a lo lejos lo vi entre las sombras,
venía cantando su loca esperanza,
en el cinto colgaba el machete,
bajo el brazo la alegre guitarra.
Llegó hasta mi lado, tranquilo, sereno,
me clavó con los ojos su fría mirada;
me dijo: -¡Me espera?... Le dije: -¡Te espero!
y no hablamos más, ni media palabra.
Que era bravo el hombre, cual los hombres machos,
y los hombres machos pelean, no hablan.
¡Cómo la quería...! El machete dijo
su amor y sus ansias, roncaba su pecho,
brillaban sus ojos, y entre golpe y golpe ponía su alma.
No fue lucha de hombres, fue lucha de toros,
eso bien lo sabe la vieja cañada,
pero más que el amor y el ensueño
pudieron la envidia y la rabia,
y al fin mi machete lo dejó tendido
sobre su guitarra...
No tema, señora, con cosas pasadas...
Todavía en el suelo me dijo llorando:
-¡Quiérela... que es buena...!
Quiérela... como yo la he querido
¡Quiérela... que es santa...
que aunque muero...
la llevo metida en el alma!
Y tuve celos, señora, del que así me hablaba
y tuve celos de aquel que moría
y aun muriendo la amaba...
Y la sangre cegó mis pupilas
y el machete en la mano temblome con rabia
y lo hundí en su pecho con odio y con furia
y rasgué su carne buscándole el alma...
Porque en el alma se llevaba mi hembra...
y yo no quería que se la llevara.
No esperes paz del visitante que llama a tu puerta tocando con una piedra
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LA GRAN MISERIA HUMANA.
Una noche de misterio
estando el mundo dormido
buscando un amor perdido
pasé por el cementerio....
Desde el azul hemisferio
la luna su luz ponía
sobre la muralla fría
de la necrópolis santa,
en donde a los muertos canta
el búho su triste elegía.
La luna sus limpideces
a las tumbas ofrecía.
y pulsaba el aura umbría
el arpa de los cipreses,
y en aquellas lobregueces,
de mi corazón hermanas
me inspiraron y con ganas
de interrogar a la Parca
entré a la glacial comarca
de las miserias humanas.
Acompañado del cierzo
Los difuntos visité,
y en cada tumba dejé
una lágrima y un verso...
Estaba allí de perverso
entre seres no ofensivos;
fui a perturbar los cautivos
en sus sepulcros desiertos ?
Me fui a buscar a los muertos
por tener miedo a los vivos.
La noche estaba muy bella
y el aire muy sonoro,
e igual que dalia de oro
semejaba cada estrella;
y a la brisa si querella
por ser voluble y ser vana
en esa mansión arcana,
corría llena de embelesos
poniendo sus frescos besos
en la gran miseria humana.
La luna seguía brillando
y las nubes con sus velos
en el azul de los cielos
si miedo la iban tapando
y, en procesiones pasando
por la inmensidad secreta
iban...y la brisa inquieta
retozaba en el saúz
que empapaba con su luz
Diana, la novia del poeta.
La luna que Diana es,
en aquella hermosa noche
se abrió como aéreo broche
de una flor de esplendidez.
Sentí vacilar mis pies
en tan lúgubre mansión
con la lira en una mano
y lleno de emoción
como un revuelto océano
temblaba mi corazón.
Bajo un ciprés sombrío
y verde cual la esperanza
con su fúnebre asechanza
estaba un cráneo vacío...
y sentí pavor y frío
al mirar la calavera
pareciéndome en sus esfera
que se reía de mi;
y yo de ella me reía
viéndola tan calva y fiera.
Dime humana calavera:
¿Qué se hizo la carne aquella
que te dio hermosura bella
qué se hizo tu cabellera
cual lirio de primaver?
tan frágil y tan liviana
dorada cual la mañana
de la aurora al nacimiento?
Qué se hizo tu pensamiento?
Responde, miseria humana.
Calavera sin pasiones,
di: qué se hicieron tus ojos
con que mataste de hinojos
idílicos corazones,
que repletos de ilusiones
te amaron con soberana
pasión que no era villana
y en esas horas tranquilas
qué se hicieron tus pupilas?
Contesta, miseria humana.
Aquí donde no hay tropel
calavera sin resabios;
di: ¿ qué se hicieron tus labios
tan rojos como el clavel,
y dulces como la miel
de la campiña romana
esos tus labios de grana
llenos de pasión mentida,
qué se hicieron en la vida?
responde, miseria humana.
Calavera a quien feliz
besa la luna de plata,
di: por qué te encuentras tan chata
si era larga tu nariz?
Dónde está la masa gris
de tu cerebro pensante
donde tu bello semblante;
y tus mejillas rosadas,
que a besos en noches heladas
quiso comerse un amante?
Aquí donde todo es calma,
contesta cráneo vacío;
¡qué se hizo tu poderío
qué de la áurea palma
qué del placer de tu vida
que te dio el amor un día
tu altivez , tu bizarría,
tus sonrisas que mintieron
dime, dime, ¿qué se hicieron,
oh calavera sombría?
A mis interrogantes
el cráneo blanco callaba
la luna alumbraba
sarcófagos y panteones...
y dije si aflicciones:
si eres el cráneo de aquella
que en la vida sin querella
me despreció con desdén,
despréciame ahora también!
Eclipsa otra vez mi estrella.
Estamos en la mansión
de la austera realidad.
¡Qué se hizo la liviandad
que tenía tu corazón?
No respondes, mudos son
Tus labios que pronunciaron
Cosas que ya se tornaron
En pálidas flores muertas
Cosas que no fueron ciertas
Y mi pobre alma mataron!
Aquí en esta soledad
que solo cruza el cocuyo,
dime: ¡qué se hizo tu orgullo,
tu amor y tu vanidad?
¿Qué se hizo tu potestad
de persona soberana
y mentirosa y galana
que ostentó tanta belleza?
Dime: qué se hizo tu grandeza?
Responde: oh miseria humana!
Vanidad de vanidades,
solamente con tus galas
oh, mariposas sin alas,
llorando tus liviandades:
las áticas realidades
te circundan con profundo
marasmo que bien culmina...
Es el amor que ilumina
aquí es donde terminan
las vanidades del mundo
Aquí en este camposanto
se terminan los amores,
las alegrías, los dolores,
el poderío y el encanto,
cesa en los ojos el llanto
y el mundo vivo suspira;
aquí no llega la lira
de la muchedumbre inquieta
aquí termina el poeta
y se enmudece la lira.
En este mundo idealista,
de egoísmo y de censura,
tan sólo la sepultura
es la que no es egoísta.
Ella recibe humanista
el santo y al condenado,
al pobre y al acusado,
al perverso, al bueno, al caco,
al honrado, al gordo, al flaco,
al bruto y al ilustrado.
Al rodar el ataúd
en la hueca sepultura
se igualan en línea oscura
el criminal y la virtud,
y en eterna laxitud
que todo movimiento:
lanza gemidos el viento
y la soledad se aterra
y ruedan sobre la tierra
los cráneos sin pensamiento.
Aquí en este camposanto
donde sucumbir es ley,
el esqueleto de un rey
al de un esclavo es igual;
aquí el toque funeral
de la sonora campana
es a la cabeza cana
como a la de negro pelo
y ñata dando recelo
es la calavera humana.
Aquí en este entristecido
y lúgubre camposanto
termina del vate el canto,
y del músico el sonido,
del pintor el colorido
y de su cerebro el foco,
se consume con sofoco
y solo queda el recuerdo,
aquí tanto vale un cuerdo,
como lo que vale un loco.
Todo corazón se aterra
al llegar a esta mansión
viendo clavar el cajón
que se comerá la tierra.
Cuando una tumba se cierra
el alma gime asustada
y esa humana bandada
que otro hoy viene a sepultar,
mañana en este lugar
será polvo... será nada...
En esta mansión glacial
donde lo fatuo refleja,
se pudre la carne vieja
como la carne jovial;
aquí el necio se hace igual
todo se convierte en nada.
sociedad civilizada...
aquí la diosa riqueza
es igual a la pobreza
todo aquí es polvo y es nada.
Y dijo la calavera;
Aquí en este camposanto,
se perdió todo mi encanto
con que vanidosa era;
y mi mejilla rosada
como gasa de arrebol,
mis ojos que envició el sol,
aquí se volvieron nada!
Tan sólo el dolor es fuerte
la vida es vano capullo,
yo vi acabarse mi orgullo.
Ya todo es materia inerte
Bajo el peso de la muerte...
En este triste lugar
se tiene que terminar
el genio que esplendor tiene
y melancólico viene
las tumbas a visitar.
Llorar en estos desiertos
es una cosa muy vaga
porque el llanto nada paga,
ni resucita a los muertos
y aquí en un tétrico día
cae el que peca, el que no peca
así, haciendo horrible mueca,
la calavera decía:
Aquí está la realidad,
que sobre el orgullo pesa;
aquí la gentil belleza
es igual a la fealdad;
aquí acaba la maldad
y la bondad apreciada,
aquí la mujer casada
es igual a la soltera
me decía la calavera
con su voz apagada.
Yo soy el cráneo de aquella
a quien le cantaste un día
poemas que no merecía
porque no era así tan bella
como la primera estrella
del oriente, el tulipán
a quien las auras le dan
aquí el que de mi se ríe
de él mañana se reirán.
Yo escuchaba aquella cosa
y lleno de horrible espanto,
salí de aquel camposanto
como veloz mariposa...
la luna pura y radiosa
vertió su lumbre fugaz
y la calavera audaz
dijo al mirarme correr
nada tienes que temer,
tú, calavera serás.
Yo, ante razón tan sencilla,
Sentí por el cuerpo mío
un extraño escalofrío
casi perdiendo la vida,
con el alma entristecida
llegué a mi celda cristiana
meditando que mañana
por firme ley de la parca
debo habitar la comarca
de las miserias humanas.
Por....Gregorio Escorcia Gravini
EL BRINDIS BOHEMIO
Guillermo Aguirre Fierro (Mexicano)
El Paso, Texas 1915
En torno de una mesa de cantina,
una noche de invierno,
regocijadamente departían
seis alegres bohemios.
Los ecos de sus risas escapaban
y de aquel barrio quieto
iban a interrumpir el imponente
y profundo silencio.
El humo de olorosos cigarillos
en espirales se elevaba al cielo,
simbolizando al resolverse en nada,
la vida de los sueños.
Pero en todos los labios había risas,
inspiración en todos los cerebros,
y, repartidas en la mesa, copas
pletóricas de ron, whisky o ajenjo.
Era curioso ver aquel conjunto,
aquel grupo bohemio,
del que brotaba la palabra chusca,
la que vierte veneno,
lo mismo que, melosa y delicada,
la música de un verso.
A cada nueva libación, las penas
hallábanse más lejos
del grupo, y nueva inspiración llegaba
a todos los cerebros,
con el idilio roto que venía
en alas del recuerdo.
Olvidaba decir que aquella noche,
aquel grupo bohemio
celebraba entre risas, libaciones,
chascarrillos y versos,
la agonía de un año que amarguras
dejó en todos los pechos,
y la llegada, consecuencia lógica,
del "feliz año nuevo" . . .
Una voz varonil dijo de pronto:
- las doce, compañeros;
digamos el "requiescat" por el año
que ha pasado a formar entre los muertos.
¡Brindemos por el año que comienza!
porque nos traiga ensueños;
porque no sea su equipaje un cúmulo
de amargos desconsuelos . . .
- Brindo, dijo otra voz, por la esperanza
que la vida nos lanza,
de vencer los rigores del destino,
por la esperanza, nuestra dulce amiga,
que las penas mitiga
y convierte en vergel nuestro camino.
Brindo porque ya hubiere a mi existencia
puesto fin con violencia
esgrimiendo en mi frente mi venganza;
si en mi cielo de tul limpio y divino
no alumbrara mi sino
una pálida estrella: Mi esperanza.
¡Bravo!, dijeron todos, inspirado
esta noche has estado
y hablaste bueno, breve y substancioso.
El turno es de Raúl; alce su copa
y brinde por . . . Europa,
ya que su extranjerismo es delicioso . ...
Bebo y brindo, clamó el interpelado;
brindo por mi pasado,
que fue de luz, de amor y de alegría,
y en el que hubo mujeres seductoras
y frentes soñadoras
que se juntaron con la frente mía. . .
Brindo por el ayer que en la amargura
que hoy cubre de negrura
mi corazón, esparce sus consuelos
trayendo hasta mi mente las dulzuras
de goces, de ternuras,
de dichas, de deliquios, de desvelos.
-Yo brindo, dijo Juan, porque en mi mente
brote un torrente
de inspiración divina y seductora,
porque vibre en las cuerdas de mi lira
el verso que suspira,
que sonríe, que canta y que enamora.
Brindo porque mis versos cual saetas
lleguen hasta las grietas
formadas de metal y de granito,
del corazón de la mujer ingrata
que a desdenes me mata . . .
¡pero que tiene un cuerpo muy bonito!
Porque a su corazón llegue mi canto,
porque enjuguen mi llanto
sus manos que me causan embelesos;
porque con creces mi pasión me pague. ..
¡vamos!, porque me embriague
con el divino néctar de sus besos.
Siguió la tempestad de frases vanas,
de aquellas tan humanas
que hallan en todas partes acomodo,
y en cada frase de entusiasmo ardiente,
hubo ovación creciente,
y libaciones, y reir, y todo.
Se brindó por la patria, por las flores,
por los castos amores
que hacen un valladar de una ventana,
y por esas pasiones voluptuosas
que el fango del placer llena de rosas
y hacen de la mujer la cortesana.
Sólo faltaba un brindis, el de Arturo,
el del bohemio puro,
de noble corazón y gran cabeza;
aquel que sin ambages declaraba'
que sólo ambicionaba
robarle inspiración a la tristeza.
Por todos lados estrechado, alzó la copa
frente a la alegre tropa
desbordante de risa y de contento
los inundó en la luz de una mirada,
sacudió su melena alborotada
y dijo así, con inspirado acento:
-Brindo por la mujer, mas no por esa
en la que halláis consuelo en la tristeza,
rescoldo del placer ¡desventurados!;
no por esa que os brinda sus hechizos
cuando besáis sus rizos
artificiosamente perfumados.
Yo no brindo por ella, compañeros,
siento por esta vez no complaceros.
Brindo por la mujer, pero por una,
por la que me brindó sus embelesos
y me envolvió en sus besos;
por la mujer que me arrulló en la cuna.
Por la mujer que me enseñó de niño
lo que vale el cariño
exquisito, profundo y verdadero;
por la mujer que me arrulló en sus brazos
y que me dió en pedazos
uno por uno, el corazón entero.
¡Por mi madre!.. bohemios, por la anciana
que piensa en el mañana
como en algo muy dulce y muy deseado,
porque sueña tal vez que mi destino
me señala el camino
por el que volveré pronto a su lado.
Por la anciana adorada y bendecida,
por la que con su sangre me dió vida,
y ternura y cariño;
por la que fue la luz del alma mía;
y lloró de alegría
sintiendo mi cabeza en su corpiño.
Por esa brindo yo, dejad que llore,
que en lágrimas desflore
esta pena letal que me asesina;
dejad que brinde por mi madre ausente,
por la que llora y siente
que mi ausencia es un fuego que calcina.
Por la anciana infeliz que sufre y llora
y que del cielo implora
que vuelva yo muy pronto a estar con ella;
por mi madre bohemios, que es dulzura
vertida en mi amargura
y en esta noche de mi vida, estrella . ..
El bohemio calló; ningún acento
profanó el sentimiento
nacido del dolor y la ternura,
y pareció que sobre aquel ambiente
flotaba inmensamente
un poema de amor y de amargura.
Porqué No Tomo Más: El Indio Duarte
Porqué no tomo mas
Se está por empezar la zafra en el horcón,
Ingenio que en la ocasión necesitaba peones,
los paisanos sus reuniones hacían en la pulpería
donde trabajo ofrecía el capataz.
Se bebía, se tomaba mucho, quizás con demasía,
en esas entró Julián mozo apreciado de tuitos,
-Sírvase de algo parcero,-Gracias amigo no ttomo,
-¿Cómo dice? ¿Quée; no toma? ja,ja,ja,ja,ja,ja,ja,
Y donde ha visto un criollo que no chupe por lo menos,
ja,ja,ja,ja,ja,ja, por lo menos un litro de guaro al día, ja,
a ver pulpero, ponga un frasco que va a tomar conmigo el mozo,
-Perdone amigo, le he dicho que no tomo, no quiero tomar,
pero ya que tanto insiste escuche,
yo he tomado quizás como el primero,
tuitos ustedes conocieron a esa que fue mi mujer,
mi Juana, alma pura que ni yo mesmo mereciera y
que más de alguno envidiara,
por ella si, únicamente por ella,
por no verla sufrir ni lloriquear contuve muchas veces mis impulsos de tomar.
Pero cuando un día Dios para siempre de mi la'o la llevó,
pa ese pago donde no se vuelve,
cuando me vi de sólo, completamente sólo con el hijo de su amor,
que formara al juntarse con el mio como un fruto o una flor,
entonces si!, entonces si!! volví con ansia a la bebida,
y encerra'o en mi rancho con un frasco de guaro tomaba, tomaba,
tomaba hasta perder la cabeza,
y allí cuando estaba bien pero bien toma'o,
en la pared del rancho aparecía ella,
mi Juana, y me hablaba, me hablaba con esa voz
pa' mi más dulce que el canto 'e la calandría.
Esa ilusión se me hacía tan real,
se me hacía tan cierta, que un día mi pobre hijo entrando al rancho me dijo
-¿Pero cómo? ¿todav&iaccute;a esta tomando guaro papasito?,
lleva seis días, seis días tomando,
¿Por qué toma tanto de un tiempo a esta parte papasito?,
¿Por qué?, ¿No ve que estoy descalzo?,
¿No ve que estoy vestido de harapos?,
¿No ve que cuando salgo del colegio me gritan tu padre es un borracho?
y tienen razón ¿Por qué papasito?¿Por qué toma tanto?
-¿Cómo dice? ¿Có;mo dice mocoso sonzo?
¿Qué por qué estoy tomando?, ¿Qué por qué estoy tomando?
¿No ve que tomando la estoy viendo?
-¿A quién ve?, ¿A qui&eeacute;n ? ,
si adentro 'el rancho no hay naide más que uste' y que yo...
¿A quién ve?
-¿Cómo?, ¿Qué a quien estoy viendo?
¿No la esta viendo a su madre?ja,ja,ja,ja,ja,ja
Juana, dice tu hijo que no te ve,
-¿A mi madre?, uste', uste', ¿;Uste' esta viendo a mi madre?
¿Pero cómo?,
¿No me ha dicho uste' siempre que me mi madre se ha muerto cuando yo nací?
¿Dónde está?,¿Dónde está mi madre? ¿Dónde está mi madre? yo quiero verla,
Yo quiero verla a mi madre!!!, quiero verla!!!.
-Uste' quiere verla a su madre, mire,
para verla a su madre tiene que tomar guaro,
tiene que tomar mucho guaro igual al que lo tomo yo,
ja,ja,ja,ja,ja,ja,ja.
Un día frente a mi rancho me apeo,
de adentro me llegó un ruidaje como de risas, llanto, pataleo,
Algo más negro qu'el ojo 'e mi caballo cruzó por mi cabeza,
y de una patada eche abajo la puerta 'el rancho,
y en el suelo, revolcandose en convulsiones,
y con la boca llena 'e baba como pica'o por una víbora,
estaba m'hijo, m'hijo estaba el suelo,
asusta'o miré pa' tuitos la'os y sobre la mesa,
estaba el frasco 'e guaro completamente vacío,
lo alce, levantando la mano pa' castigarlo,
le dije ¿Por qué has toma'o?¿Por qué has toma'o hijo de una gran?
¿Por qué has toma'o?,
y mi pobre hijo dando los ojos vuelta por el espanto me dijo
-No me pegue, no me pegue papasito, no me peeque,
yo he toma'o, yo he toma'o, yo voy a seguir tomando,
yo voy a seguir tomando porque quiero verla,
quiero verla a mi madre como uste' la ve.
-Comprenden ¿POR QUÉ NO TOMO MÁS?!!!
El Indio Duarte
¡Desgraciado Almirante! Tu pobre América,
tu india virgen y hermosa de sangre cálida,
la perla de tus sueños, es una histérica
de convulsivos nervios y frente pálida.
Un desastroso espirítu posee tu tierra:
donde la tribu unida blandió sus mazas,
hoy se enciende entre hermanos perpetua guerra,
se hieren y destrozan las mismas razas.
Al ídolo de piedra reemplaza ahora
el ídolo de carne que se entroniza,
y cada día alumbra la blanca aurora
en los campos fraternos sangre y ceniza.
Desdeñando a los reyes nos dimos leyes
al son de los cañones y los clarines,
y hoy al favor siniestro de negros reyes
fraternizan los Judas con los Caínes.
Bebiendo la esparcida savia francesa
con nuestra boca indígena semiespañola,
día a día cantamos la Marsellesa
para acabar danzando la Carmañola.
Las ambiciones pérfidas no tienen diques,
soñadas libertades yacen deshechas.
¡Eso no hicieron nunca nuestros caciques,
a quienes las montañas daban las flechas! .
Ellos eran soberbios, leales y francos,
ceñidas las cabezas de raras plumas;
¡ojalá hubieran sido los hombres blancos
como los Atahualpas y Moctezumas!
Cuando en vientres de América cayó semilla
de la raza de hierro que fue de España,
mezcló su fuerza heroica la gran Castilla
con la fuerza del indio de la montaña.
¡Pluguiera a Dios las aguas antes intactas
no reflejaran nunca las blancas velas;
ni vieran las estrellas estupefactas
arribar a la orilla tus carabelas!
Libre como las águilas, vieran los montes
pasar los aborígenes por los boscajes,
persiguiendo los pumas y los bisontes
con el dardo certero de sus carcajes.
Que más valiera el jefe rudo y bizarro
que el soldado que en fango sus glorias finca,
que ha hecho gemir al zipa bajo su carro
o temblar las heladas momias del Inca.
La cruz que nos llevaste padece mengua;
y tras encanalladas revoluciones,
la canalla escritora mancha la lengua
que escribieron Cervantes y Calderones.
Cristo va por las calles flaco y enclenque,
Barrabás tiene esclavos y charreteras,
y en las tierras de Chibcha, Cuzco y Palenque
han visto engalonadas a las panteras.
Duelos, espantos, guerras, fiebre constante
en nuestra senda ha puesto la suerte triste:
¡Cristóforo Colombo, pobre Almirante,
ruega a Dios por el mundo que descubriste!
Poemas de Rubén Darío
Poemas del Alma